La nueva moda por el uso de redes sociales (como Facebook, Myspace, Twitter, hi5, etc.) ha llevado a la aparición de toda una generación de usuarios con una vocación absoluta por la transparencia, por la ausencia de privacidad, por el “aquí estoy y estoy haciendo esto”, por el “esta es mi foto con poca ropa” y por el “estos son mis datos”.
En este momento, se plantea ya casi en forma de lucha: mientras un sector de la población se resiste con fiereza a excesos de control planteados por gobiernos y empresas en base a la seguridad o a la explotación comercial (el buen ejemplo de la gente quejándose de las llamadas de los bancos), otro sector, con usos y costumbres radicalmente diferentes, se mete en redes sociales y herramientas de diverso tipos y lo revelan todo de sí mismos sin el menor pudor ni consideración hacia la privacidad, llegando a extremos que a muchos harían sentir completamente incómodos.
Personas a las que no sólo no les preocupa que haya mucha información suya disponible en la red, sino que además quieren que así sea. Usuarios de teléfonos móviles que no dudan en instalarse aplicaciones que comparten su posición en cada momento, pensamientos personales de todo tipo y a veces completamente dentro de lo que muchos considerarían la más estricta intimidad, expresados en la identidad del messenger (el clásico “Te amo Pepita, nunca cambies TQM”) a la vista de todo el que pasa.
Es la moda del “Si no estas y si no compartes, entonces no cuentas y no existes”.
Vivimos un cambio de tendencia. No sé si son inconscientes, si no se lo han planteado, si no les interesa analizar el tema o si les gusta así. Pero son diferentes. Su nivel de apertura y de transparencia en su información excede con mucho lo que una persona de la generación anterior se podría llegar a plantear. Son diferentes. Y sus consecuencias, en un entorno como el que vivimos, van a llegar a muchos lados (como por ejemplo, personas que usen dicha información para usos mal intencionados).

Escrito por David 










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